Elecciones Presidenciales PASO 2019 REDOBLAR LOS ESFUERZOS PARA ASEGURAR UNA SALIDA FAVORABLE AL PUEBLO Y LA PATRIA

August 13, 2019

Por Carmelo Cortese (*)

*Escribí el borrador de este artículo entre la noche del domingo y la mañana del lunes. Estoy
corrigiendo redacción y actualizando datos, mientras oigo la conferencia de prensa del Presidente Macri y del candidato a vicepresidente Pichetto. Es tan grave la hipocresía y el cinismo de sus palabras al no hacerse cargo de su fracaso económico y político, tan grave la ofensa hacia los ciudadanos argentinos solo porque votaron otra opción electoral, que debo reprimir las reacciones y sentimientos lógicos que pueden teñir esta redacción.

Con una participación del 75,78% y con el 98,67% de las mesas escrutadas, sobre un total de 24.387.452 votos válidos, el Frente Todos obtuvo 11.622.020 votos (47,65%) y Juntos por el Cambio, 7.824.996 (32,08%). En tercer lugar lejos quedó Consenso Federal con 2.006.977 (8,22%); y luego con menos de 3% viene un pelotón a izquierda y derecha: el FIT con 697.748 (2,86%), el Frente Nos con 642.636 (2,63%) y UNITE con 533.081 (2,18%). Las restantes 4 agrupaciones electorales no superaron el piso exigido del 1,5%, obteniendo en conjunto 301.039 (1,22%). Hubieron 758.955 (3,11%) votos en blanco.

Alberto Fernández se impuso en todas las provincias, excepto en Córdoba y CABA. En Mendoza, pese al esfuerzo de Cornejo por despegarse de su sociedad política, Fernández alcanzó el 40,48% y Macri el 37,33%. Incluso en la categoría Diputados Nacionales, aunque por una diferencia escasa de unos 9.000 votos, Cambia Mendoza fue derrotado.

Es decir que a nivel nacional el Frente de Todos se aproximó al 50%, aventajando por 15 puntos a Juntos por el Cambio. Si este resultado se repitiera en octubre habría triunfo en primera vuelta. Entre el miedo al pasado y la decepción por el presente, contrariando el marketing político de PeñaDurán Barba, triunfó la decepción, la bronca, el malestar diario, la tristeza de un presente cargado de recesión económica, especulación desenfrenada, endeudamiento, desempleo y pobreza. Y, sobre todo, se impuso paradójicamente la necesidad de cambiar este presente concreto por un futuro nuevo de producción, trabajo, bienestar y democracia para amplias mayorías. Macri pareció olvidar que él gobierna desde diciembre 2015 y no debería seguir culpando al pasado, prometiendo reiteradamente un utópico segundo semestre y una lluvia de inversiones que nunca llegaron.

Macri y Cornejo primero quisieron anular estas PASO. Luego Macri afirmó que se definían los próximos 30 años. Ahora dice que no significan nada y las que valen son las elecciones de octubre. Recordemos los slogans de campaña que pretendieron tergiversar las percepciones: “definir entre la vuelta al pasado o el futuro”. Olvidaron adrede que en las elecciones se juzga el presente, se plebiscita siempre el gobierno de turno, y se trata de elegir entre el presente y un futuro diferente al pasado y al presente.

El primer factor decisivo en la derrota de Juntos por el Cambio es la gestión del gobierno, que ha llevado a una verdadera catástrofe económico-social, a una pérdida de soberanía nacional con pocos precedentes, y una ofensiva ideológica derechista de carácter francamente antidemocrático.

En la vereda opositora, en la medida que el Frente Todos pudo irse construyendo como una alianza real, incluyendo diversos sectores del peronismo y varios partidos que iban más allá del PJ (algunos muy críticos de varios aspectos de la gestión de Cristina); en cuanto pudo combinar los elementos positivos del pasado con una perspectiva de construcción frentista –superadora del sectarismo y hegemonismo acentuados en el periodo 2011-2015–; habiendo desistido de culpar a los votantes macristas de 2015 para dialogar con ellos en tanto víctimas del ajuste económico; todo eso se conjugó para sobrepasar ciertos límites y lograr un resultado superior al esperado.

No es correcto decir que todas las encuestas fallaron (pese a las intenciones de formar opinión en varias de ellas). Más bien, fue el “run-run” elaborado por los troll-centers de Peña-Durán Barba, amplificado por los medios y las redes, el que nos hizo dudar de lo que oíamos en las calles (“no soportamos 4 años más de esto”; “nos lleva puestos a todos”) y no interpretamos ajustadamente el silencio y el voto oculto de un gran porcentaje de ciudadanos.

Al analizar una síntesis de 20 encuestas disponibles al 2 de agosto pasado, se desprende que absolutamente todas daban como ganadora la fórmula de los Fernández sobre Macri-Pichetto, por diferencias que iban desde 3 a 16 puntos. El promedio de las proyecciones arrojaba 38,6 a 30,2. Son muy aproximados los resultados de Lavagna y Del Caño, mientras que el porcentaje atribuido a Espert prácticamente se repartió con Gómez Centurión. Lo que estaba en la incertidumbre era el 7,5% de los No Sabe/NoContesta y el 9% del Resto (otros candidatos, en blanco y nulos). Esos definían la elección y lo hicieron volcando los resultados en forma muy categórica.

Algunos temas ocurridos durante la jornada electoral y en el día posterior son sumamente graves y preocupantes.

El primero es el verdadero apagón informático, sin publicación de datos oficiales hasta prácticamente las 22.30 hs del domingo. El Gobierno tenía los datos porque salieron a hablar Rodríguez Larreta, Cornejo y el mismo Macri conociendo los resultados, pero sin un solo dato en la página web “resultados2019.gob.ar”. Inmediatamente habilitada, la página mostró cerca del 50% de las mesas con una tendencia irreversible. ¿Algunas mentes maquiavélicas del gobierno tramaron hacer algo en el sistema informático? ¿Fue muy grande la diferencia y no daba lugar a maniobrar? Son dudas absolutamente válidas, que se refuerzan al trascender las propias internas gubernamentales. Fueron la denuncia y alerta previas, sumadas a una diferencia muy grande, las que impidieron consumar alguna deformación de los resultados.

Otro tema es el ataque antidemocrático hacia la oposición de parte de varios funcionarios y la valoración de los “mercados” por encima de los ciudadanos argentinos.

En Mendoza tanto Cornejo como Suárez se expresaron en términos descalificadores hacia la oposición, con lo cual explicitan un gran desprecio hacia la población que elige otros caminos. Más grave fue el hilo argumental iniciado por Marcos Peña el domingo a las 19.30, seguido luego en la conferencia de prensa del lunes a las 16.30 hs. Peña “aseguró que hasta que no terminen las elecciones habrá ‘inestabilidad’ en la economía argentina porque la posibilidad de que ‘se vuelva al populismo autoritario’ genera ‘incertidumbre y miedo’". El lunes, el dólar se disparó a más de $58 y la tasa de interés subió a 74%, cuando muchos bancos no renovaron Leliqs y los fondos especulativos comenzaron a tomar ganancias en dólares. En una postura vergonzosa para un Jefe de Estado, Macri culpó de esa situación directamente a los millones de ciudadanos que votaron el Frente de Todos. Y pidió que el kirchnerismo ¡¡se autocritique!!, que “tiene un problema con el mundo”, que “tienen que demostrar que van a hacer algo distinto”.

Es una ofensa a la inteligencia y la dignidad del pueblo argentino. Les recrimina no haberlo votado. Algo así como “son ignorantes que no entienden que los hundo en la pobreza por su bien”. Le pide al Frente de Todos que se autocritique por ganar. Mintió diciendo que Argentina venía creciendo y bajando la inflación, y que hoy lunes todo empeora por culpa de los resultados electorales. O sea que la responsabilidad de la economía es ¡de quienes no son el gobierno! Como si los argentinos no supiéramos que la inestabilidad lleva mucho más de un año, que la recesión y la inflación no pueden atribuirse a las elecciones sino a la política económica. Con los criterios de Macri y de Peña las elecciones no deberían realizarse, porque somos ignorantes que no entendemos la construcción del futuro que ellos hacen.

Dado que el presidente volvió a sostener la importancia de la opinión de los mercados por sobre el voto de los argentinos, debemos descifrar quienes son esos misteriosos entes sin votos, pero con poder de fuego sobre la economía de millones de argentinos: el capital financiero especulativo volcado a títulos de deuda y operaciones con el BCRA; los grandes capitales invertidos en la energía y el petróleo; los grandes grupos ligados a la propiedad concentrada de la tierra, el agrobusiness y la exportación cerealera; nuevos grupos del capitalismo de plataformas; y muy pocos más. Son ellos los que exigen a Macri culpar al pueblo y a la oposición política,sin reconocer la derrota, redoblar la apuesta electoral en octubre, y hacer todas las maniobras necesarias para garantizar sus negocios. Ellos son el sector hegemónico dentro del bloque de poder dominante en la Argentina y no están dispuestos a perder el manejo de las riendas del Estado.

En los dichos y hechos de la coalición gobernante, y en la reacción de los mercados, se desnudan la hipocresía y el cinismo con los cuales proclaman la defensa de las instituciones, la democracia y la república, mientras se preparan para burlar la voluntad popular. Por eso es muy importante entender que si bien matemáticamente es muy difícil dar vuelta las cifras de las PASO, se trata de cuestiones de política. Hay que transitar dos meses muy agitados hasta las elecciones presidenciales del 27 de octubre. Y, en el caso de Mendoza, afrontar las municipales y la provincial del 1° y el 29 de setiembre respectivamente, desnudando la identidad “Suárez=Cornejo=Macri”. En términos estrictos la lucha no es contra las personas de Macri o Cornejo, sino contra los poderosos grupos económicos y las potencias extranjeras que están tras ellos. Los sectores populares deben mantenerse movilizados y vigilantes, desplegando la nueva campaña electoral, explicando y convenciendo a cada vecino, familiar, compañero de trabajo, a cada votante indeciso, de la necesidad de poner fin a la desastrosa política de Macri. Las fuerzas combativas, clasistas, de izquierda, participantes del Frente de Todos, tienen un desafío muy importante: sostener la unidad más amplia posible con todos los sectores castigados por el rumbo político nacional y provincial; resistir las tendencias triunfalistas y las inclinaciones hegemónicas de algunos grupos; mantener la lucha en todos los frentes (sindical, social, callejero); proponer y garantizar las medidas que garanticen una salida popular a la grave crisis económico-financiera, enfrentando las injerencias de Trump, Bolsonaro y el FMI, descargando su costo en los grupos concentrados y privilegiados que se han beneficiado en estos tres últimos años.

Debemos prepararnos para un largo y complejo periodo hasta el 10 de diciembre de 2019. Y como ocurre siempre en la historia, no será estación de llegada, sino inicio de otra etapa con nuevas contradicciones y desafíos.

 

Mendoza, 12 de agosto de 2019 (*) Sociólogo, miembro del PTP en el Frente de Todos

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