50 años del Cordobazo

May 30, 2019


Por Carmelo Cortese (sociólogo, investigador de la UNCuyo, ex secretario general de FAD

 

IUNC)


Cuando se produce el Cordobazo, yo tenía 19 años recién cumplidos y cursaba el 5to año del
Colegio Universitario Central. Por ese entonces no había descubierto aun el marxismo. Era un
cristiano inquieto y sorprendido por el Concilio Vaticano II (1962/65); relacionado
incipientemente con algunos integrantes del Movimiento de Sacerdotes para el Tercer Mundo;
conmovido por el asesinato del Che Guevara en Bolivia; asombrado por el Mayo Francés, y
curioso sin respuestas para acontecimientos como la invasión soviética a Checoslovaquia. Más
tarde conocería personalmente al cura Llorens, quien ejercía la opción por los pobres en el Barrio San Martín.
Era un mundo convulsionado, envuelto en las llamas de la guerra de Vietnam y las protestas
pacifistas; caracterizado por rebeliones obreras y revoluciones de liberación nacional y social
en todo el mundo. Se luchaba por la liberación, y todas las expresiones científicas y artísticas
estaban impregnadas de ese espíritu: la filosofía, la teología, la sociología, el periodismo…
En Argentina, desde 1966 gobernaba una dictadura que, encabezada por el General Onganía,
había derrocado el gobierno constitucional de Arturo Illía. Algunos pensaban que bastaba la dura represión militar, y la conducta de numerosos dirigentes sindicales (los “conciliadores” y los “colaboracionistas”) para sofocar una larga historia de rebeldías del pueblo argentino. Los
sectores dominantes creyeron tener “objetivos sin plazos”. Pero no pudieron.
En ese contexto mundial y nacional, el Cordobazo fue un gran levantamiento de masas obreras,
estudiantiles y populares, que cuestionó el orden establecido y marcó el preludio del fin de la
dictadura. Fortaleció una poderosa fuerza combativa y clasista en los sindicatos. Alumbró el
surgimiento de nuevas corrientes y partidos de izquierda revolucionaria en el país.
El Cordobazo no fue un relámpago en una noche serena. Durante la década del 60 se habían
producido grandes luchas: ferroviarios, petroleros, bancarios y mecánicos, entre otros,
mostraron una alta conciencia democrática, de clase, y nacional (por ejemplo, defensa del
petróleo y los ferrocarriles). También puede decirse que introdujo un cambio tan profundo en
la política argentina que, después del mismo, nada volvió a ser igual. El fin de la década y los
comienzos de la siguiente fueron escenario de varios “azos” –que hoy denominamos
“puebladas” – en diferentes ciudades y provincias: Corrientes, Rosario, Tucumán, Mendoza,
Malargüe.
La pregunta que hoy se impone es si lo vivido hace 50 años es ahora sólo una añoranza de un
mundo definitivamente ido. Lo cierto es que, pese a los profundos cambios tecnológicos,
económicos, sociales, políticos y culturales, permanece una profunda conciencia y memoria
colectiva en el pueblo argentino. Reaparece en diferentes ciclos y momentos del proceso sociohistórico. Aun bajo diferentes formas de lucha, esa combatividad popular es el factor principal de la derrota de la feroz dictadura de 1976 y la recuperación democrática en 1983. En el 2001 puso fin a los experimentos neoliberales de la última década del siglo XX. Está presente en cada manifestación de resistencia y lucha por derechos y reivindicaciones.
Hoy existen quienes dan por sepultado el mundo y el país que alumbraron el Cordobazo. Y, tras
la máscara de la “nueva política”, persiguen objetivos muy similares a las dictaduras de los 60 y
70, y repiten recetas neoliberales de los 90. Seguramente, su deliberada ignorancia histórica,
les impide reconocer –presentes bajo las nuevas rebeldías juveniles, femeninas, de trabajadores formales y precarios, de ciudadanos indignados- las huellas de aquel Cordobazo.
 

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