El costo del gas ¿a 6,80 dólares?

 

 

Cuando un diputado le preguntó al Ministro de Energía José Aranguren en el Congreso, por qué se había fijado en 6,80 dólares el millón de BTU (medida del gas), cuando en el mundo ronda los U$S 3, dijo: “Me resisto a responder”, y cuando en las audiencias públicas de 2016 se preguntó lo mismo, ningún funcionario respondió. Datos del ENARGAS indican que antes de la privatización de YPF y Gas del Estado, el valor era de 1 dólar el MBTU, y en la actualidad, la Fundación Bariloche, lo estima en 1,9 dólares. Quién me explica cómo pasamos de 1 dólar, o 1,9 a los 6,80 que el gobierno regula en favor de las petroleras. Por lo pronto, con el tarifazo,  hay algo que está muy claro: los amigos de Macri, Nicolás Caputo y Marcelo Midlin, accionistas en Edesur, Transener y Pampa Energía, ya se embolsaron 9.076 millones de pesos en 2017, mientras cierran pymes y los salarios pierden frente a la inflación.

 

El silencio del gobierno en este asunto “del costo” los deja en evidencia. Nos hacen discutir que somos “derrochones”, y la quita de subsidios como camino al sinceramiento de las tarifas, cuando lo que hay que sincerar es el verdadero costo del gas en la Argentina, para eliminar los subsidios a las petroleras originados en ese precio mentiroso de 6,80 dólares de Aranguren y Macri.

 

Detrás de ese valor tan alto, tan “inflado”, que el gobierno ha fijado, podemos ver dos cuestiones. Por un lado, la fabulosa transferencia de recursos que desde el pueblo trabajador va hacia las empresas energéticas; sea vía subsidio, que fue el camino elegido por Cristina Kirchner, o vía tarifazo, como ha elegido el gobierno actual. Y la otra cuestión, es que muestra una decisión de apostar fuerte al fracking, que es un método que necesita una gran inversión inicial y por ende más caro de extraer petróleo y gas, con una gran contaminación irremediable que sacrifica pueblos enteros, pero que les ha dado resultado en cuanto al aumento de la producción en forma importante, sobre todo en los EEUU.

 

Y hay otro argumento falso del gobierno, que es el fatalismo con el que se juega en este tema. Estaríamos frente al abismo: por eso el ajuste y el tarifazo sería el único camino para retornar al crecimiento… Pero solo “per jodere”, imaginemos por un momento otra política, que defienda los intereses del país, que sincere el costo del gas y lo acerque a su valor real, supongamos de 6,8 a 3,8 dólares el MBTU. O sea, una disminución en 3 dólares el millón de BTU, serían más de 5.000 millones de dólares anuales, cifra que supera los subsidios en cuestión. O sea, sincerando “un poco” el costo, se puede sacar los subsidios y mantener el valor de las tarifas al año pasado, y hasta nos quedaría un vuelto, por si a alguien se le ocurre hacer las obras de infraestructura energética o industrializar un poco la economía primarizada que tenemos.

 

¿Por qué no lo hacen? Macri, Aranguren y Alfredo Cornejo, negando el pasado de la industria energética estatal que supimos tener, dicen que dependemos totalmente del humor de los capitales extranjeros para desarrollar cualquier cosa que necesitemos en el país. Niegan la experiencia actual de Bolivia que recuperó parte de la renta petrolera para su desarrollo, y niegan también la posibilidad de utilizar el ahorro nacional, evitando su fuga el exterior, para el desarrollo de este tipo de industrias, que sólo con grandes inversiones desde el Estado se pueden desarrollar.

La verdadera razón del tarifazo es que los consumidores inyectemos mucho dinero en las cuentas de las empresas energéticas y de esa forma puedan hacer realidad la “lluvia de inversiones” que Macri anunció y todavía no llegó. Que esa plata se la giremos nosotros a las petroleras así ellos invierten, desarrollan el fracking, y se llevan su tajada a sus países, y nos dejan la contaminación ambiental aquí. Esa es la verdad del acuerdo de la Chevron con YPF, donde la empresa estatal pone la plata que los consumidores ponemos vía aumento desmedido de los combustibles, la Chevron pone la tecnología del fracking y espera a que sea rentable el negocio para llevarse la mitad de todo lo que se extraiga.

Por este camino se profundiza la gran entrega del petróleo y gas iniciada por Carlos Menem en los años 90, con los resultados que todos conocemos, donde no hubo inversión, sólo saqueo y encubrimiento de los funcionarios de turno.

 

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